Los efectos de la pandemia en la salud mental se han ido desarrollando durante el pasado año. De esto hablamos en este post.

Efectos de la pandemia en la salud mental

No podemos negar que en marzo de 2020 se marcó un cambio en la vida de la mayoría de la población mundial.

Nos debimos amoldar de una manera áspera a una situación ignota y lo hicimos desde nuestros recursos personales, sin que diese tiempo –en la mayor parte de los casos- a interiorizar unas pautas psicoeducacionales anteriores para no vivir desde el temor, sino más bien desde la precaución y la prudencia.

La meta era encararnos con determinada disciplina a una realidad que, poquito a poco, se iba imponiendo como ha sido la presencia de la covid-19.

Si el pasado año 2020 fue el año de la mal llamada adaptación, 2021 ha sido el año donde hemos debido adquirir, interiorizar y sostener nuevos hábitos sin que esto afecte de forma atractiva y perjudicial a nuestra integridad física y psíquica.

Nos hallamos en condiciones de aseverar que desde el principio de la pandemia se han ido presentando una serie de indicadores relacionados con problemas médicos física, procesos de duelo amontonados, aislamiento, falta de contacto social, cambio de costumbres… que, de una forma o bien otra, en este año que concluimos ha comenzado a pasar factura en nuestra salud mental.

A tomar en consideración estos temas

A nivel general se ha observado un incremento en los niveles de ansiedad, agobio, irritabilidad y, en consecuencia, en los niveles de angustia; con lo que, consecuentemente, ha aumentado la demanda a los profesionales de la salud mental como la prescripción de psicofármacos siendo entre estos los más usuales calmantes y antidepresivos.


Ha aumentado asimismo el consumo de alcohol y drogas con el consecuente inconveniente de dependencia y diagnóstico de Trastorno por Empleo de Substancias.


Concretando un tanto más, ha empeorado la salud mental entre las personas con situación social y económica más desfavorable, los ancianos institucionalizados y entre aquellos con diagnósticos anteriores en salud mental.
Conforme la Confederación “Salud Mental España”, el veinte por ciento de las personas que han sufrido la covid-19 se han enfrentado por vez primera a un diagnóstico de salud mental como depresión, ansiedad o bien agobio.

A resaltar este dato: los pensamientos suicidas han aumentado entre un 8 y 10 por ciento siendo en adultos, y en jóvenes esta cantidad todavía más elevada, entre un 12 a un 14 por ciento.

Desde un punto de vista socio-demográfico:

Pequeños y adolescentes con Trastorno Mental Grave han sufrido un agravamiento de los síntomas a consecuencia de continuos cambios y también interrupciones en su seguimiento, debido en una gran parte a la presencia de periodos de confinamiento domiciliario y a que la atención prestada en muchos instantes no ha sido presencial (sobre todo en los primeros tiempos de la pandemia).


En las personas mayores se ha observado un incremento o bien, en otros casos, aparición de inconvenientes de sueño, sedentarismo y trastornos por ansiedad y depresión.


Para dos mil veintidos deseamos tener una visión más esperanzadora en la que consolidemos el afrontamiento de esta nueva realidad que es parte integrante de nuestra cotidianeidad.

Nuestro bienestar sensible dependerá tanto de la manera en que administremos los hechos desfavorables como de nuestras habilidades personales.

En tanto que aprendamos a administrar los sucesos como inconvenientes a solventar de forma edificante y desde cierto punto de vista de desarrollo personal, vamos a ser capaces de resguardar y cuidar más nuestra salud mental.

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